Durante el verano de 5758 (1988), mientras se limpiaban los patios exteriores del mirador superior, se descubrió una pequeña abertura que conducía hacia el subsuelo. Los exploradores descendieron unos 7 metros utilizando sogas, para llegar a una antigua cisterna real de 15 metros de diámetro, con siete aberturas pequeñas. Esta cisterna, ubicada en las inmediaciones de lo que se supone fue el palacio del Rey David, trae a la memoria poderosas imágenes del relato del profeta Jeremías: “...y hundióse Jeremías en el cieno” (Jeremías, 38:6)
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